¿Qué es el Aikido?
El Aikido es un arte marcial japonés creado por Morihei Ueshiba (Ō-Sensei) a partir de una profunda investigación sobre las artes marciales tradicionales japonesas. Su práctica integra el trabajo corporal, la técnica y una búsqueda permanente de equilibrio, coordinación y adaptación.
A diferencia de una concepción del arte marcial basada exclusivamente en vencer al adversario mediante la fuerza, el Aikido estudia cómo recibir un ataque, desplazarse, entrar en la línea de acción y conducir el movimiento del compañero. El objetivo no es simplemente ejecutar una técnica, sino comprender los principios que permiten que el movimiento sea eficiente, preciso y natural.
El entrenamiento desarrolla coordinación, movilidad, equilibrio, percepción, concentración y capacidad de adaptación, al mismo tiempo que propone una forma particular de relacionarse con el compañero. La práctica es necesariamente compartida: cada persona aprende alternativamente a ejecutar una técnica y a recibirla, desarrollando tanto la capacidad de actuar como la de escuchar y adaptarse al movimiento del otro.
Una tradición transmitida de maestro a alumno
El Aikido se transmite fundamentalmente a través de la práctica. Más allá de los programas técnicos y de las formas de enseñanza, existe una relación directa entre generaciones de practicantes y maestros que permite conservar, desarrollar y transmitir una determinada manera de entender el arte.
Nuestra práctica forma parte de una línea de transmisión que comienza con Morihei Ueshiba, fundador del Aikido, continúa a través de Yoshimitsu Yamada Shihan y llega actualmente de manera directa a nuestra escuela a través de Ricardo Corbal Shihan, maestro de la Asociación Sudamericana de Aikido.
La historia de nuestra escuela, sin embargo, no se limita a una sucesión de nombres. Durante décadas, distintos maestros han contribuido a enriquecer nuestra práctica y a mantener un vínculo permanente con referentes de distintas generaciones del Aikido.
Yoshimitsu Yamada Shihan
Yoshimitsu Yamada Shihan (1938–2023) fue uno de los grandes maestros del Aikido del siglo XX y una figura fundamental en la expansión internacional del arte. Comenzó su práctica en el Hombu Dojo de Tokio a los 17 años, como uchi deshi de Morihei Ueshiba. En 1964 se trasladó a Nueva York y asumió la dirección del New York Aikikai, convirtiéndolo en uno de los centros más importantes de práctica y enseñanza del Aikido fuera de Japón.
Durante décadas, Yamada Shihan desarrolló una enseñanza caracterizada por la intensidad de la práctica, la claridad técnica y una particular valoración de la libertad y la expresión individual de cada practicante. Su influencia se extendió por Estados Unidos, América Latina, Europa y otras regiones del mundo.
Para la Asociación Sudamericana de Aikido, Yamada Shihan fue nuestro maestro y referente técnico durante muchos años. Su presencia, sus enseñanzas y sus visitas periódicas fueron parte fundamental de la formación de generaciones de practicantes. Hasta su fallecimiento, en enero de 2023, mantuvo ese vínculo con nuestra comunidad.
Su legado continúa formando parte de nuestra práctica: no como una forma de repetir exactamente lo que hacía, sino como una manera de conservar los fundamentos que transmitió y continuar desarrollándolos a través de las generaciones.
Del New York Aikikai a nuestra escuela
El New York Aikikai, dirigido por Yamada durante más de cinco décadas, fue mucho más que un dojo local. Se convirtió en un punto de encuentro internacional por el que pasaron numerosos maestros y practicantes de distintas partes del mundo.
Dentro de esa tradición se formaron maestros que tuvieron una presencia especialmente significativa en Sudamérica y, en particular, en la Asociación Sudamericana de Aikido y Buenos Aires Aikikai.
Entre ellos se encuentran Claude Berthiaume Shihan y Donovan Waite Shihan, dos maestros que durante muchos años estuvieron presentes en nuestra práctica a través de seminarios, clases especiales y encuentros internacionales.
Claude Berthiaume Shihan
Claude Berthiaume Shihan (1954.2026) fue un maestro canadiense formado dentro de la línea de enseñanza de Yamada. Su relación con nuestra comunidad se extendió durante muchos años, tanto a través del Aikido como del Iaido.
Su presencia en Argentina fue particularmente significativa. Berthiaume dictó numerosos seminarios y clases especiales, transmitiendo una práctica caracterizada por la precisión, la profundidad técnica y una particular atención al movimiento y a la relación con el compañero.
Su vínculo con nuestra comunidad también tiene una dimensión especial porque forma parte de la línea de transmisión de Iaido que llega hasta nuestra escuela a través de Ricardo Corbal Shihan.
Donovan Waite Shihan
Donovan Waite Shihan (1955–2021) fue uno de los alumnos más destacados de Yoshimitsu Yamada. Comenzó a estudiar bajo su dirección en el New York Aikikai en 1984 y permaneció durante más de una década como uchi deshi, convirtiéndose en uno de sus estudiantes avanzados. Alcanzó el 7.º Dan y fue reconocido como Shihan del Aikikai.
Su Aikido se caracterizó por una enorme movilidad, dinamismo y precisión, junto con una especial atención al ukemi y a la conexión permanente con el compañero.
Waite tuvo una presencia particularmente importante en nuestra comunidad durante muchos años, visitando Argentina reiteradamente para dictar seminarios y clases. Su enseñanza dejó una huella profunda en generaciones de practicantes de la Asociación Sudamericana de Aikido y de Buenos Aires Aikikai.
Uno de los aspectos más reconocibles de su enseñanza fue precisamente el trabajo de ukemi. Para Waite, recibir una técnica no significaba simplemente “dejarse caer”: uke debía mantenerse activo, conectado con el movimiento de tori y capaz de transformar la energía de la técnica en un desplazamiento seguro y continuo. Su trabajo puso especial énfasis en la movilidad, las caídas multidireccionales, los desplazamientos y la capacidad de recuperar rápidamente la orientación y continuar la práctica. Testimonios de sus alumnos destacan la importancia que daba a este entrenamiento, llegando a dedicar clases específicas y extensas al estudio del ukemi.
Su fallecimiento en 2021 puso fin a una presencia que había acompañado durante décadas a numerosas generaciones de practicantes, pero su manera de entender el movimiento, el contacto y el ukemi continúa siendo parte de la experiencia de quienes tuvieron la oportunidad de entrenar con él.
Ricardo Corbal Shihan
Actualmente, la conducción técnica de la Asociación Sudamericana de Aikido está a cargo de Ricardo Corbal Shihan, 7.º Dan de Aikido y Shihan reconocido por el Hombu Dojo de Japón. Su práctica comenzó en 1973 y, a lo largo de más de cinco décadas, desarrolló una trayectoria dedicada tanto a la práctica como a la enseñanza y difusión del Aikido.
Corbal fue formado dentro de la línea de Yamada y recibió de él apoyo y supervisión técnica. Con el fallecimiento de Yamada, la relación de nuestra escuela con el Aikikai Hombu Dojo de Tokio continúa actualmente de manera directa a través de Ricardo Corbal Shihan, quien mantiene la responsabilidad técnica de la Asociación Sudamericana de Aikido.
Esta continuidad permite que la práctica de Buenos Aires Aikikai conserve un vínculo directo con la tradición del Aikikai y, al mismo tiempo, continúe desarrollándose a través de sus propios maestros y practicantes.
La práctica de armas
El trabajo con armas ocupa un lugar importante en nuestra práctica. Se estudian principalmente bokken —espada de madera— y jō —bastón—, no como disciplinas independientes del Aikido, sino como herramientas para profundizar principios que también aparecen en la práctica a mano vacía.
Morihei Ueshiba dedicó una parte importante de su trayectoria al estudio de las armas y utilizaba con frecuencia el ken y el jō para expresar y explicar principios del Aikido. Existen testimonios de sus alumnos que muestran cómo determinadas relaciones de distancia, línea, desplazamiento, entrada y corte podían trasladarse directamente del trabajo con armas al taijutsu. En particular, algunas técnicas de mano vacía permiten comprenderse con mayor claridad cuando se observa su relación con los movimientos de la espada.
El trabajo con armas permite hacer visibles aspectos que en la práctica a mano vacía pueden resultar menos evidentes: la distancia, el tiempo, la línea de ataque, la orientación del cuerpo, la extensión, el desplazamiento y la relación entre ambos practicantes. La práctica con bokken y jō ayuda así a desarrollar una estructura corporal y espacial que luego se expresa en las técnicas de Aikido.
No existe una única interpretación sobre el lugar que deben ocupar las armas dentro del Aikido. La tradición del Aikikai ha desarrollado históricamente el taijutsu como núcleo de la práctica, mientras que distintos maestros, entre ellos alumnos directos de Ueshiba, han conservado y desarrollado formas de trabajo con ken y jō como parte fundamental de su comprensión del arte. En nuestra escuela, ambas prácticas se complementan y permiten estudiar diferentes dimensiones de los mismos principios.
La práctica de mano vacía
La práctica a mano vacía constituye el núcleo cotidiano del entrenamiento. A través de ella se estudian diferentes tipos de ataque, desplazamientos, entradas, controles, inmovilizaciones y proyecciones.
Las técnicas no se practican contra un adversario abstracto, sino con un compañero. Cada practicante alterna los roles de tori, quien ejecuta la técnica, y uke, quien recibe el movimiento. Esta alternancia es esencial: aprender Aikido implica aprender tanto a realizar una técnica como a recibirla, acompañarla y ofrecer al compañero una oportunidad real de aprendizaje.
El trabajo de uke requiere atención, sensibilidad y compromiso. Uke debe mantener una conexión adecuada con tori, atacar de manera clara y sincera, reconocer el movimiento que recibe y adaptarse a él sin anticipar artificialmente el resultado. De esta manera, recibir una técnica se convierte en una práctica activa y no en una simple consecuencia de la acción del otro.
Dentro de este trabajo, los ukemi ocupan un lugar fundamental. Aprender a caer, rodar, absorber una proyección y recuperar rápidamente la postura permite entrenar con mayor libertad y seguridad. El ukemi desarrolla coordinación, orientación espacial, movilidad y capacidad de adaptación, y permite continuar practicando incluso frente a técnicas dinámicas o proyecciones de gran amplitud.
El aporte de Donovan Waite Shihan fue especialmente significativo en este aspecto. Su enseñanza puso al ukemi en el centro de la formación del practicante y desarrolló una forma de recibir caracterizada por la movilidad y la continuidad. Las caídas no eran entendidas como el final de una técnica, sino como parte del movimiento: uke debía aprender a transformar la energía de la proyección en un desplazamiento que le permitiera recuperar la orientación y continuar conectado con la práctica.
De esta manera, tori y uke forman una unidad de aprendizaje. Uno estudia cómo conducir el movimiento y el otro cómo recibirlo, transformarlo y continuar desde él. Ambos roles son indispensables para comprender el Aikido.
Buenos Aires Aikikai
Actualmente, Buenos Aires Aikikai está dirigido por Alejandro Imposti, Dojo-cho de la escuela. Bajo su conducción, el dojo continúa desarrollando una práctica abierta, exigente y orientada al estudio constante del Aikido, manteniendo el vínculo con la línea de enseñanza de la Asociación Sudamericana de Aikido.
El equipo de instructores está integrado por maestros de amplia trayectoria: Jorge Riva (6to dan), Oscar Arca (5to dan), Fabián Vergara (5to dan), Alejandro Imposti (4to dan) y Micaela Hourbeigt (3er dan)
La presencia de distintos instructores y generaciones permite que cada practicante encuentre diferentes formas de abordar el mismo arte y pueda enriquecerse a través de múltiples experiencias de enseñanza.
Un camino para practicar
El Aikido no requiere experiencia previa ni una condición física particular para comenzar. La práctica se adapta progresivamente a cada persona y permite avanzar desde los fundamentos, respetando el propio ritmo.
A lo largo del tiempo, el entrenamiento desarrolla no sólo capacidades físicas y técnicas, sino también una mayor atención, disciplina y conocimiento del propio cuerpo. Cada clase es una oportunidad para volver a estudiar lo esencial y descubrir nuevos aspectos de una práctica que no se agota en la ejecución de las técnicas.
Te invitamos a conocer el Aikido a través de la práctica.
Acercate a Buenos Aires Aikikai, probá una clase y descubrí por vos mismo el camino del Aikido.
